Pues sí, pues sí. Y eso que no quería. Volvimos de la Casa da Vela por el itinerario alternativo. Eso supuso subir, bajar, volver a subir, volver a bajar, atravesar el castro de Punta dos Prados, bajar por unas escaleras de madera inundadas del aroma dulzón de las higueras que lo rodean, para llegar a una playa pequeñita donde ... volver a bajar, volver a subir ...

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